viernes, 27 de abril de 2012




Una doble mirada al libro Equilibrista del olvido de Zingonia Zingone 



Equilibrista del olvido o el libro de la expiación
 Presentación de Equilibrista del olvido de Zingonia Zingone por Osvaldo Sauma


Para poder presentar este libro, no me quedó más remedio que pedirle prestadas unas palabras al poeta Juan Gelman;  no sólo por el aserto y el acierto inobjetable que contienen, sino porque son  idóneas para la ocasión. De ahí el parafraseo.

“Este honor, esta alegría emocionada de presentar a esta poeta, su obra, tropieza con tres muros infranqueables. En el primero alguien ha escrito que la poesía habla por sí misma. En el segundo está escrito que la poesía habla por sí misma. En el tercero, que la poesía de Olga Orozco habla por sí misma. Entonces no la estoy presentando. Apenas la estoy acompañando”.

Esta poeta sujeta al dictado interior de los días, a una poesía convertida en destino, en testimonio vivencial de su propia herida; nos enseña a sortear los vértigos de la existencia y el conflicto interior que todos compartimos, más allá del género y sus tribulaciones.
Poseedora de la esperanza de quienes han tocado fondo, su escritura, refleja también, el hondo secreto de la mujer, que siendo poeta nos revela la ansiada comprensión, como vaticinara, hace casi dos siglos, el querido Arthur Rimbaud.

Líbrame de mi terquedad /de las ciegas cadenas /que cargo por ser hija de Eva/ de la carne y su vanidad / del vacío y sus matorrales.
En equilibrio, sobre el vértigo desafiante, Zingonia clama a la provisión divina para alzar de la tierra nuestra precaria humanidad, aunque sea a la altura de la cuerda floja del funámbulo.
Desde ahí se puede ser el juez penitente de la caída del yo, y observar liberado, por la confesión de la culpa, la ruta de la resurrección a través de la palabra, aunque sea al borde de la justificación y la duda, pues “todo es vanidad y el arte un espejo”.  Una máscara de ese gemelo incómodo que al desenmascararse, nos desenmascara.
es peligroso / mirarse en el espejo/ y dejar que ese rostro / se apodere de tu rostro/ que esos labios/ sonrían/ una risa que no tienes.
¿Qué se puede hacer cuando la esperanza subyace prisionera de nuestra propia vanidad? Acaso hasta el ingenuo diablo caería en las redes de la altivez humana,  como un alado bicho del Bosco en medio del Jardín de las Delicias.
Entonces, ¿cómo buscar la redención? Vivimos recelosos del vecino, todos estamos hechos con la misma tela y no es tan fácil amarse a uno mismo, aunque aún persista el complejo de superioridad.
Pareciera que a través de estas páginas, sólo nos queda el lamento o el silencio, ese diálogo de la soledad a través del cual el poeta espera “hablarle a Dios un día”.
Miro al prójimo con amor de prójimo / admito mi incapacidad/ confundo el amor con otro amor. / ¿Qué ejemplo seré para hijos/ hermanos  otra gente? / ¿Qué ejemplo serían aquellos /seres ejemplares/ si conociéramos los pormenores/  de sus intenciones?/ Nunca seremos hormigas/ cabizbaja muchedumbre/ en elevación del bien común. / Nunca el hombre será santo/ los santos sólo han nacido en piel de hombre/ para contar un cuento/ para redimir lo irredimible.
A primera vista, sin leer entre el silencio de los versos, el lado oculto que poseen, uno podría deducir; que no hay ser humano en el que persignarse, ni paraísos posibles sobre esta nave terráquea y que sólo Dios en su más allá podrá redimirnos, aunque persista la condena de ser prisioneros de la esclavitud del pecado. ¿Habrá la loba engullido la esperanza?
Porque cada día mueren miles/ y miles matan/ cada día nacen crónicos batalleros/ de la existencia. Mientras… nosotros, los ciegos habitantes del pueblo global / seguimos como Ismene / caminando cobardemente por la historia / refugiados en la red, ojos agachados / como si todo y nada estuviera aconteciendo… ¿Qué de nosotros si Antígona / hubiese depuesto su alma?
Pero  a pesar de las desgracias de la  vida, la ciudad eterna e invisible donde habita la poeta tiene recovecos, refugios, sin timbres ni nombres desde donde mirar al otro entre la esperanza y el olvido,en medio de los malabarismos de la soledad. Y así, después de haber auscultado y escarbado el mundo de la ilusión se le da la sepultura merecida;  para iniciar el ciclo, ya sin pasado, a lomos del viento y lejos de la ensoñación.
Si estuvieras a mi lado/ sería lo mismo/ no se resolvería el enigma / y seguiría sin leer el periódico/ seguiría pensando/ que no puedo hacer la diferencia/ ni en tu vida ni en aquella/ de ningún otro hombre.
La verdad encandila, enceguece y es abrumadora, pero sólo ella nos hará libres: por eso lleva razón el amigo Pietro Federico, cuando nos dice: “Este libro comienza con un triple final. El fin del pasado, el fin del futuro y el fin de un sueño”.
De ese modo Zingonia, respira las olas del destino, convierte lo exterior en interior, nos lleve de la mano entre las ruinas de su quimera, nos muestra, también, la lumbre de ser madre, los objetos personales más cercanos, los pasos avisados de su expiación y la paz interior encontrada a través de la oración y de su fervor a Dios:
Hoy también me acerqué / a la Eucaristía / para atrapar el Verbo / que ilumina esta soledad. 
Cosmovisión que comparte, para mí, con la poeta Argentina Olga Orozco, en lo que nos dejó dicho:

 “Que el amor es muy peligroso y la dicha vulnerable,… pero que siempre hay una última salvación esperanzada. No la esperanza en sí misma necesariamente, pero sí, al final, en una esperanza religiosa… pues el poeta que se busca más allá busca también más arriba. A medida que asciende desanda el camino que hizo el Verbo y va a llegar al punto de la unidad primera cuando éramos uno con la Divinidad”.
Divino Niño. Tú que/ nos viste tomar güisqui/ y entusiasmo/ escucha mi oración: /en las dificultades: ayúdalo/ en las tentaciones: defiéndelo/ de los enemigos del alma: sálvalo/ en sus dudas y penas: confórtalo/ con tu inmenso poder: protégelo. / Amén.
El balance entre el amor profano y el amor Divino es la pértiga que sostiene a flote la zozobra sonriente de ésta avezada equilibrista , pues además de su fe, coincide, a través de la poeta que lleva en sus adentros,  con E.M. Cioran, en eso de que… “Dios es el interlocutor irreal y sin embargo existente del hombre totalmente sólo. Sostengo que no se ha conocido la soledad absoluta si la posibilidad de Dios no ha acudido a nuestra mente. Dios es la expresión positiva de la nada, la metáfora última del hombre solo”.
Para Zingonia el reino de los cielos también está en la tierra, lo sabe por experiencia propia y porque consultándole a diario a la cruz, encuentra: paz, liviandad y sonrisas. Una fórmula eficaz para aligerar su trayecto y no precipitarse en el desequilibrio.
Espero afanosa el domingo: / la casa del señor. / Una mínima iglesia de adobe y campana / sumergida en las colinas / de olivos y cielos tersos. / Te ofrezco Señor, renunciar / a los excesos de esta vida / moderna
Así, con la cuerda tendida entre la experiencia personal y la experiencia mística, la sombra de su otra voz busca atrapar el verso que diga la verdad y muestre sus aguas cristalinas, pues sólo a través delos ojos de los niños, o en el pico de un ave migratoria, acontece el porvenir para ésta poeta, que hoy nos cuenta su mejor historia.
Alguien me empuja a romper los esquemas / a caminar en la verdad / con la fortaleza de los mártires / el desapego de los locos / Alguien acaricia el corazón transparente / pone y quita las piezas / del gran jeroglífico / posee la fórmula mágica / de mi gozo / Alguien me entrega a diario la luz.

Osvaldo Sauma
San José, abril 2012



Equilibrista del olvido: fe y escombros por Alfredo Trejos   
                                                   
Zingonia Zingone, metida en una bota, ve hacia todas partes y concluye, sin la menor ostentación, que si está todo está así de oscuro es porque a diario recaemos en antiquísimos comportamientos, en maldades, en egoísmos, en trucos evidentes. Aquí la poeta hace crónica de un mal terriblemente raro: el propio, el que le toca, el que le han impuesto; pero es valiente y escribe una sentencia amable, de corazón, pero sentencia al fin y al cabo. Y sigue su camino a solas. La soledad entre objetos fieles es más soledad, creo que me dice.

En toda la poesía de Equilibrista del olvido, la autora se heló a un precio impagable. Increpa—por ejemplo— a nuestro amigo suicida, a las decisiones injustas. Para Zingonia si algo va al espejo, casi siempre al mismo tiempo algo hostil y malogrado vendrá de él. Instruye desde una perdición que, si bien jamás conocerá, la ha padecido a manos y besos de otros. Con autoridad marcial llama ilusos a los que osan meterse con ella sólo porque sus asuntos son asuntos de la poesía, ese verdadero poder superior, quisiera yo pensar. Hay un revés, un lado chueco, lleno de actos siniestrados, de tentaciones, contra el que ella se sabe impotente, contra el que escribe al menos. En estas condiciones ir en paz nunca es precisamente ir en paz.

Aunque no tolera espíritus torcidos, Zingonia se permite atrevimientos, unos pocos. Ama y gusta de ser amada, se sumerge en rituales con ambiguas intenciones en las que la piedad y la ambición creadora (quizá la más humana de las ambiciones) no desentonan. Como Erasmo, expone que dos de las posibilidades para escapar de esta vida miserable son la utopía y el arte. Las otras son el sueño, la locura y la muerte. Ella insiste en la utopía y lucha a mano limpia en el arte. Se le agradece al final que insista en orar dulcemente por aquel de quien cree más lo necesita o lo merece. La suya nunca es una intromisión cuando parece confesar faltas que le son ajenas porque son las de todos. Presa de su última moneda, nos quiere convertir y falla. Pero está bien. Ante la cordillera del dios en el que me cuesta creer, después de leer este libro, todo sigue siendo patrimonio de la más negra lástima. ¿Qué queda entonces? Para mí, lo que queda es la bondad y la sinceridad de Zingonia Zingone al compararse con una ciudad inacabada.

No creo en las visiones. No al menos cuando se trata de poesía o cuando éstas se consideran un don. Es por eso que me hallo tan a gusto en las imágenes reveladas por Equilibrista del olvido ya que son ante todo materia, sutiles aglomerados a merced de los sentidos. Es poesía de este mundo, peatona de este mundo. Una vez más siento en ella que es posible comunicar y poetizar con suma perfección casi como si fueran la misma cosa. Una vez más Zingonia obtiene (quizá hoy con más convencimiento y mayores recursos) una sincera confesión de su realidad.

Hay fe y hay escombros en estos poemas. Padecen de repulsión al mundo tal y como es: tajante, irresponsable y sucio. Pero se leen con fascinación porque rebotan en el cuerpo como si fueran turbias caricias que son en sí un obsequio, una ofrenda, una espina de mujer que hiere y cura. Zingonia exhuma una bodega de antigüedades —como hay tantas— en la que se encuentran el pan, el perro herido, las frágiles compañías, las ausencias cínicas, la música que amarra sus naves a un fatigado tronco. Yo conozco a Zingonia: ella es así. Acostumbra poner perlas donde no hay nada.
                                                                                 
 Cartago, abril de 2012


Desde el Callejón del Gato

miércoles, 21 de marzo de 2012

2 Poemas de Melvyn Aguilar "Recordando a Leopoldo María"




Vamos a ver los renacuajos


Leopoldo

son cientos y están en las charcas

del manicomio.

Nos sentaremos en el pasto húmedo

junto al diente de león

y hablaremos de la miseria

mientras el viento

con su frescura nos decapita.

Tal vez así,

nos conviden a una celda.

Tal vez así

tengamos pan duro

con mierda de cornezuelo y Pepsi Cola.

Durmamos Leopoldo.

Amamantemos una fiebre purpúrea

gocemos nuestra fábula lisérgica

nuestro hongo 25 y nuestra rosa

fuego de santo - infierno

y diablo con espejo

vamos a ver los renacuajos Leopoldo

son diez veces diez

y duermen en nuestro barrio

Leopoldo

y crecen como nosotros

en las putrefactas esquinas

de la casa Santa Isabel.



4:37 am, Ya no viene la Uyuyuy


Por las esperanzas rotas por el mundo que no cambia

A pesar de nuestros sueños.

Theo A

De crío

nunca me asustó la niebla,

como un bitoque

la calle ancha del barrio

con nombre de santo

se llenaba con el azul aliento

de la niña tenebrosa

y poco a poco

de los traspatios

desaparecían las flores

y las personas.

Cuánto hemos dormido, cuan plácidamente…

y ahora que despertamos

el mundo es otro mundo.

Como extraño a la niebla

al búho rompiendo con su voz

el silencio desde la torre del templo de San Antonio.

De niño

jugaba a esconderme en su regazo,

pero ya

no viene mas a limpiar el jardín

de este mundo, que ahora es otro mundo.

Melvyn Aguilar.
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De la Sección Ruleta Rusa del poemario XARXA D’ARA NYA (O pequeñas cosas que deben
recordarse) de Melvyn Aguilar

Desde el Callejón del Gato

miércoles, 7 de marzo de 2012

Un poema de Memo Acuña




CONJURO


Recojase agua donde nace el arcoíris,

Riéguese con ella el aura del ojo mas profundo

Desparrámese desolación barataria,

Viértase un poco de sal, herrumbre de herradura que cuelga en la puerta,

Alimentese al gallo que no corre, vuela.

Viértase de nuevo el amanecer para que quede completo.

Hipotéquese la nube con forma de oreja,

clausérese hasta nuevo aviso.

Aleja de mi todos los espantos,

Pero sobre todo,

Dejame saciarme, condenado, con el mas amargado de los encantos.


SIC
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Desde el Callejón del Gato

lunes, 23 de enero de 2012

DON RODOLFO, EL ALFARERO Un poma de Randall Roque




DON RODOLFO, EL ALFARERO


A veces, uno imagina que es otro,

no mejor ni peor, sólo que es otro,

sin infierno ni cielo, sólo otro,

entre tanto mundo ya sin mundo,

entre tanto nunca para siempre,

entre tanto ángel desalado,

uno imagina e imagina,

convencido de que puede ser,

tal vez lo sea,

pero me detengo y pienso,

no quiero ser otro de los otros,

yo quisiera, por ejemplo,

ser don rodolfo el alfarero,

en su banquito de madera

deshojar el barro con mis manos,

ser tierra de la tierra que vengo,

llorar a carne viva el trabajo terminado,

entonces, te haría cántaros de lluvia,

maceteros con arcilla, alcancías de cerditos,

sembraría rosas de barro en tu jardín,

y le diría a todo el mundo: soy alfarero,

como quien dice: pastor, zapatero, hortelano

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LIBRO: AMORES DOMÉSTICOS, 2009

Desde el Callejón del Gato

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Wiliam Eduarte



Solo soy amigo de una flor
que se llama silencio
Leopoldo María Panero


4

La muerte no es la causa, ni las manos negras o la gangrena en la planta del pie izquierdo. Nada de esas enfermedades tiene que ver conmigo; yo escucho voces desde el fondo del tanque aséptico.
Cierro los ojos y es igual que tenerlos abiertos. Solo veo voces. Solo las escucho.
Me someto despacio y vomito en una hoja. También se vuelve negra. Llena de voces que casi ni entiendo.


5

Todos los días amanece igual y una luz negra se apodera de mis ojos.
Siento pesado el cuerpo, la boca, los dientes que nada muerden.
Si tuviera alma esta sería una piedra.
Pero esa es otra enfermedad que nadie me ha contagiado.

Escucho voces que me obligan, que me acusan contra el suelo.
Y me duele la sangre, como si de ella gente saliera fuera y regresara.
Gente con punzones.
El dolor es el que me duerme todas las noches.


6

Grito hasta que este dolor se transforma también en grito.
Hasta que del dolor saco la peor parte de lo que he sido,
la parte más enferma.
Entonces veo a esas hojas en blanco como flores que mis gritos envenenan.
Esas flores oscuras que parecen el alimento de animales casi muertos.
Las voces en mi cabeza comen esas flores repletas de garfios.

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Desde el Callejón del Gato

martes, 6 de diciembre de 2011

Un monológo y dos poemas de Potenzoni




La mujer maravilla:

"Redentora de los hombres perdidos en el amor, las drogas, el alcohol y otras calamidades".

(Consejos prácticos minutos antes de una cita)

a Floriella Rivas

y J. Chinaski

Lo primero, tenes que estar a la hora convenida, si hay algo que las mujeres detestamos es esperar, así que sé puntual. Las flores siempre son favorables para cualquier pretensión masculina, pero teñe cuidado con las pomas, que ella aún respira y no se está muriendo por vos. Por lo pronto todo parece perfecto, estás bañado y perfumado, y esa colonia 360 que usas te funciona bien, aunque no te voy a negar que la transpiración de un hombre a las mujeres nos excita; pero eso es solo a la hora del sexo y la verdad no creo que ella se vaya a echar un polvo con vos y menos en la primera cita y si lo hace seguramente será un polvo de perico, o sea, dentro de la nariz, no dentro de las sabanas. ¡Lo siento baby1. pero es la verdad, aunque no me hagas mucho caso que puedo estar equivocada, por aquello de las dudas lleva forro, cariño vos sos mi compa y te quiero, pero no te voy a mentir, sos un limpio y una pensión por paternidad empeoraría tu situación. Así que ya sabes, lleva forro... y que sea “Dures” preferiblemente.

El lugar de la cita debe ser acogedor, no tiene que ser muy lujoso, pero sí acogedor... cuidadito te la llevas a “SANS” que allí solo llegan anti-sociales, marginados y seguidores de Satán, no entiendo cómo a vos te puede gustar ese Heavy Metal que es un escándalo hijueputa, con bandas de Rock Tarro con nombres rarísimos: Entombeth, Slayer, Napalm Death, Sodom, Venom, Carcass... El único que más o menos entiendo es ese que se llama Ángeles del Invierno o del Incesto o del Intento, ¡bah! como sea, es la misma putada. ¡Dios libre te pases de tragos! no más de dos cervezas, que a las mujeres no nos gustan los borrachos, además acordáte lo que te pasó la última vez, que por dormirte en la barra te sacaron del bar y cuando te despertaste eran las cinco de la mañana, tenías las bolsas al revés, lo que no tenías era zapatos, ni gafas, ni reloj, recuerdo que estabas puteadísimo porque también te habían robado los cigarrillos, gracias a Dios, de puro milagro, no te robaron la virginidad.

¡Bueno ándate! que ya se te va a hacer tarde. De la esquina 200 mts está la floristería González, allí podes comprar las rosas, rojas obviamente y si te dejan planta'do, no te agüevés, que la tristeza no resuelve nada. Más bien llégate a Fitos, yo te invito a una birra y si te da por llorar, buscaré un amigo que me preste un pañuelo o ultimadamente usaré servilletas, pero eso sí, bota las flores, que a mí no me cuadran esas playadas.


La filosofía del despecho

"Tenemos que endurecernos

sin olvidar la ternura".

Ernesto "El Che" Guevara


Me haré el duro,

el indiferente

sin despertar sospecha

te haré creer

que me mantengo en forma

que he dejado de fumar

que olvidé tu nombre

que no me estoy muriendo

de ganas por besarte

y que no me importa

en lo más mínimo

verte en brazos de un imbécil.



Las letanías de Satanás

Tributo a Charles Baudelaire


¡Oh! tú ARIATÁN, emperador de la oligarquía

que a los ricos, gamonales y terratenientes

siempre rindes pleitesía

privatizador de los bienes del estado

sé bien que tu pueblo nunca te ha importado.

Tú, quien crees que todo lo sabes;

Oh! gran señor de las transnacionales.

iOh ARIATÁN, ten piedad de nuestra creciente pobreza!

Tú, quien tu arrogancia nadie ha superado

ni siquiera el medio campista Walter Centeno

dime a cuántos campesinos has dejado sin su terreno.

Tú, gran príncipe servidor del mal

quieres hacer del dólar la moneda nacional,

cuando el último árbol tú hayas talado

bajo el cielo abierto de una mina

en un trono serás consagrado.

¡Oh ARIATAN, ten piedad de nuestra creciente pobreza!

Tú, quien con el miedo amedrentaste al que llamaste necio

para firmar finalmente el Tratado de Comercio.

Tú, quien quieres desmantelar un Banco Estatal

por eso metiste a papá Pitufo

para dejar al Banco sin capital.

¡Oh ARIATÁN, ten piedad de nuestra creciente pobreza!

Tú, quien nos regalaste un Estadio Nacional con donaciones

ahora abrirás los mares

para que China haga negocio con el aleteo de tiburones.

Tú, quien detestas a la gente valiente

quieres convertir esta tierra

en un gigantesco Call Center.

¡Oh ARIATÁN, ten piedad de nuestra creciente pobreza!

Tú, quien destituíste a la junta directiva de JAPDEVA

y a cambio no les diste ni una cucharadita de jalea.

Tú, quien siempre estás rodeado

de un montón de ratas serviles

que ni en broma se ganarían la vida

trabajando honradamente como albañiles.

Tú, quien obras inconclusas inauguras

jamás caminarías solo por la calle de la amargura.

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Desde el Callejón del Gato

jueves, 27 de octubre de 2011

Cine en los sótanos, de Alfredo Texto de Zingonia Zingone

























Cine en los sótanos, de Alfredo Trejos.

Texto por Zingonia Zingone*.


Este nuevo libro de Alfredo se abre con una dedicatoria: a Felipe Granados.No es casualidad que a través de Cine en los sótanos se haga tributo al autor de Soundtrack. De la banda sonora de una misma soledad urbana, caracterizada por sus “amantes alcohólicos”, por el “humo de bunkers y basura”, por “cuchillos, travestis, moteles…”. Una soledad sonora de iconos compartidos, de flores crecidas en el mismo asfalto generacional: el de las referencias, de un modo de vida “absoluto”, aprendido por la vida misma y por un proceso de osmosis poética unidireccional con los grandes maestros del on the road, cuya obra nace de el camino compartido, una misma carretera para entrañables, recorrida al son del jazz, del alcohol y de las drogas.

Una matriz común que amarra el oscuro territorio de la creación poética de estos dos poetas. De donde, sin embargo, gritan voces muy distintas, con líricas a veces disonantes. Esta soledad urbana sirve de marco también para los libros escritos anteriormente por Alfredo: Carta sin Cuerpo, Arrullo para la noche tóxica y Vehículos pesados. La presencia de la soledad es una constante.

En los últimos poemas de Arrullo la voz de Trejos comienza a pronunciar palabras en inglés, referencias a un mundo internacional: Desnudo, Calle Fitzroy, sobre una obra del británico Matthew Smith,Telegrama en blue desde el Cunard Princess, Blue Harbor Blues. Elemento, éste, que rápidamente se convierte en una característica muy propia de la poesía de Alfredo, presente ya en todos los poemas de la segunda sección de Vehículos pesados, titulada Nighthawks, donde extiende el horizonte referencial a Francia, a Italia. Son personajes, sitios, objetos importados e implantados en su poesía, para proyectar su mundo personal en una pantalla más amplia, que obliga el lector a un viaje completo de los cinco sentidos.

Viaje que culmina en Cine en los sótanos, un sitio en el cual se vuelve imperativo saber de películas, de poesía, de música, de whiskies que no se encuentran en el mercado nacional, para poder tocar más la ecléctica esencia del autor, que enfoca el mundo con una lente transversal.

Alfredo escribe una introducción a este libro y la titula: Del mejor cine casero: atribuible al whiskey Widowmaker. Voy a leer una pequeña parte como ejemplo de la transposición que hace el autor de un mundo sobre el otro, de lo ajeno sobre lo propio, no para esconderse, más bien para entregarse/dispararse con renovada puntería. Dice:

“Me conformo con que la vida sea esa flor leñosa clavada en la tierra. La tarde cae como una de esas píldoras de dos colores —dos tonos de gris, dos tonos de naranja—. Hay una foto de James Dean sobre la mesa, tomada en la calle 68 Oeste de Nueva York, año de 1955. A ambas orillas de la calle los automóviles parecen ballenas azules que han muerto quizá desde hace mucho bajo un chorro de metal fundido. Es el tiempo de los luchadores enmascarados, el tiempo en el que las heridas de bala se usaban bajo la solapa. Los pantalones de Dean lucen arrugados. Quizá ha estado bebiendo (me niego a pensar que no bebiera siendo él tan del Método) y cuando uno bebe no pone atención a esos detalles.

Hay noches en que toda la cerveza del mundo entra de golpe en la cadena alimentaria y la lucha se torna feroz… Anoche, en algún lugar que no recuerdo, gasté miserablemente un poco de dinero que llegó con la ropa sucia. Dinero sucio, supongo.”

No es sólo poesía de imágenes concadenadas, la de Alfredo Trejos, un Siddharta iluminado por la luz floja de los sótanos, por la sordidez de los espacios compartidos con las ratas callejeras del nocturno deambular. El refugio del poeta puede ser una cantina o la milagrosa pantalla que, filtrada por los sentidos del poeta, trae a flote sus fracasos, su lúcida esquizofrenia, sus soledades y nostalgias. No es poesía de cine mudo, se escucha fuerte la estridencia ínsita en la injusticia urbana, de esa ciudad que es a la vez refugio y calle sin salida: sólo en la ciudad nos reconocemos como en la muerte.

Cine en los sótanos es el guión secreto –lo que al espectador común no es dado conocer- de un largo viaje inútil que el poeta escoge vivir crudamente, tal y como es. "El cine expresa la realidad a través de la realidad" escribió Pier Paolo Pasolini, y así Trejos proyecta su realidad, donde la vida es como una película. Y el amor es como se ve en las pantallas del cine clásico: mujeres encantadoras y pasajeras.

La voz de Trejos se reafirma como una singular expresión neo-beat, caracterizada por las numerosas referencias que hacen dialogar lo casero/cercano con lo inesperadamente conocido, catapultado desde el otro lado del mundo por medio de un buen libro o una película vista mil veces en el sótano imaginario de su habitación.

"Pero hoy toca cantar algo de Yves Montand/la buena vida en lugares de mala muerte".


Roma, 12 de abril de 2011

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Desde el Callejón del Gato

lunes, 22 de agosto de 2011

Tres piezas del Poemario CIRCOMÍSTICA Ecce homo Circus Dei de Angélica Murillo




La Orquesta


Porque el circo posee del ánfora

su abismo,

invoca al duende a dirigir la orquesta:

El duende tomó la kora

y tensó la primera cuerda.

Y yo divagaba en la llave

que la danza crea, cuando acude

ese antro donde el duende

nos tiene presos.

Suyo es el cetro del orfebre

y vano el eco de la fiera que cae

aguijoneada por su esquila.

Una

o mil veces

congrega al centinela en la pezuña

del lobo

o en la célica acrobacia que golpea

el sigilo del corcel.

Por eso

de su preludio se resisten

a ser aliados los volatineros.

Mas él padece

de un óptico gemido

y a todos inventa, revuelve

confunde:

Claves de sol o pentagramas.

Melodías que se engendran

para que las devore el circo.



El Maestro de Ceremonias


Diríase un cuervo suspendido

por cuatro puntos cardinales

o algún inamovible abanico sujetado

por el cincel del mármol.

Míralo,

descorre pronto su pupila ardiente

es ella quien construye las lámparas del helio.

Nada en torno suyo respira

y sus vértebras contienen

el giro del atlante que te anuncia

la caída de los templos.

Anda

dile que en el arco de su iris

aún las sillas no están vacías.

Pero basta el golpe de un lamento

sobre su sombra acumulada

y sentir

este reloj que corroe

el eje de su abismo

mientras un eco no escuchado danza:

Eres un bastón en el ático

del tiempo

inútil vigilante de no sé

qué tumba.


El Mago


Ese asombro en la vasija de la orilla

que juega a ser golpe en el latido de la nieve.

No era el metálico artificio del mago

rompiendo la túnica de los balcones

ni era la carpa de pupila

entre palomas de cal.

Podría pensar en la mirada del niño

devorándose a sí misma

o en su lienzo que esta noche

es pájaro que rompe

las membranas de la luz.

¿Cómo?

si tan cerca de todos maullaba el gato

en la caja del verdugo

¡el mago!, que en cada escaparate

no alcanza a desdoblar la huida.

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Desde el Callejón del Gato

sábado, 9 de julio de 2011

Dos textos de J u l i e t a D o b l e s
















SILOGISMOS DE AUSENCIA


Si tu silencio me muerde la alegría,

escribo.

Si no hay música que llene tus ausencias,

escribo.

Si añoro la quemadura de tus manos

sobre mis playas húmedas,

escribo.

Si cuando te nombro me recorre la espalda

una fila de besos emigrantes,

escribo.

Si en tus labios borrados adivino

la única fuente que me mata de sed,

escribo.

Si el vacío de tu voz transforma mis silencios

en tambores ausentes y enervantes,

escribo.

Si toda mi piel grita de soledad y miedo

para ahuyentar la soledad invasora,

escribo.

¡Cuánta poesía entretejen

tu ausencia y mi dolor!



DE PALABRAS

La palabra, tu palabra

es un barco certero hacia el deseo.

Lanza tan primitiva,

caricia tan urgente,

lindando casi con el rojo

mordisco de lo obsceno.

Tu palabra me sobresalta,

me desata, me incita.

Plenamente verbal,

me humedezco de esencias germinales,

y se activan mis manos,

mi cuerpo, mi palabra también

para dormir el aire con la tuya.

Tu palabra, furtiva entre mi oído,

moscardón malicioso,

me cosquillea el instinto.

Subleva mis silencios

y, exacerbada de penumbras,

nos acerca y nos une

en esa vieja danza

de los cuerpos deseantes y absolutos.

Tu voy y mi voz se están amando

entrecortadas, susurrantes,

plenas de excitaciones, de turgencias,

de alientos agresivos o ternísimos,

entre un silencio despeinado y gozoso.

Palabras que se tocan,

se muerden, se estremecen

sn esa enredadera de deseos

que es sólo aire empapado y aromoso.

Hacemos el amor también con la palabra.

Desde el Callejón del Gato

viernes, 24 de junio de 2011

Un fragmento de Rodrigo Soto

























…Soy otra soy esta soy nueva soy la misma otra vez

Siempre naciendo del fondo

de la nada parida por la luz

reinventada y renacida

mil veces mutilada

mil veces sepultada

mil veces reinventada

mil veces muerta y mil veces desmembrada

paridora que se pare

inventora que se inventa

creadora que se crea

La que habla no es.

La que es no habla.

Las palabras son sombras que iluminan lo que nombran,

¿sombras que iluminan lo que nombran?

La que es tan solo es,

decirse la ensombrece.

Soy esta, eso que nace de la tierra

fuera de la palabra

emergente criatura urgida de inventarse

Libre una vez como la primera vez

naciente engendro de mí misma

Para buscarme y buscarte

para crear y recrear y recrearnos

para encontrarnos en el camino sin fin

hasta el fin de mi camino

pero esa es otra historia

otra historia

¡ahora es esta!...

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Fragmento tomado del Monólogo para una actriz y dos personajes “La hija de Barba Azul”

Desde el Callejón del Gato

lunes, 13 de junio de 2011

Dos poemas de SANTIAGO MEDINA CARRILLO

















Dedicado a Miguel Hernández


Torres se elevan al cielo

verticales , verdes y leñosas son sus formas

la vista no alcanza a veces su gran esplendor,

majestuosas rodean la playa de Gandia

dando sombra al pajarillo y algún humano que olvido su sombrilla

dejando el calor del sol de Levante en la arena de su base.


Torres de vida de hojas grandes

columnas vistosas que se mueven al viento con el ritmo del Garbi

saludando a las gaviotas blancas que en formación

dan los honores a los barcos pesqueros que reconocen en el horizonte,

tu eres inspiración de grandes poetas de esta tierra

alcanzando yo a entender el momento que dejaron su mente libre

para hablar de estas palmeras levantinas con versos bellos.

Palmera del Levante

bandera de su comunidad

símbolo de su cultura

déjame verte hasta el final de mi vida

déjame tocarte tu forma,

arraigada tú a estas playas que son la alegría de mi corazón.




Con cariño para mi hija María


Donde estará tu presencia que a mi lado no se haya

donde estará tu risa que me alegra la mañana

ese amor que me das con solo una simple mirada.

Partiste hace un instante

tu alegría vi detrás de una negra ventana

acompañada de los que te rodean en tu mundo de inicio a la adolescencia.

Las lagrimas me mojaban por dentro

lloraba sin consuelo que me consolara,

el dolor aumentaba cuando metro a metro te alejabas

tus brazos se ondeaban diciéndome con gestos un adiós que no me calmaba.

Triste vuelvo a casa con el pensamiento en aquella mirada

de esa juventud que es el vestido de tu alma.

Solo en una vacía casa

donde el eco de su voz se mezcla con sus risas

donde el olor de niñez aumenta mis lamentos con su ausencia

donde la tristeza me invade siendo la insignia de mi rostro,

no quisiera demostrar mi intenso dolor

no quisiera preocupar a los que me rodean

no quisiera que dañara más mi corazón.

Tu Rosa de Primavera que cultivo con cariño,

vuelve pronto para darme tu olor

para alegrar esta casa con tu presencia

vuelve pronto para poder compartir esos instantes de diario

que son la esencia de nuestra vida.

Donde estés acuérdate de ese beso de despedida

que aunque breve y corto

fue lo único que me dejaste para esperar tu regreso

acuérdate de las personas que te esperan para decirte lo que tú sabes

acuérdate como yo me acuerdo ahora de ti.


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Desde el Callejón del Gato